Este fue el fin de lo que vino a ser mi tercera etapa. Apenas pasaron poco más diez años desde que se acabaron las sensaciones de entonces, de otra vida.
Sé que el último día de clases salí a la vereda como siempre, saludando a muy pocas personas. Como era costumbre, todos los demás se quedaron en la puerta del colegio a charlar, mientras yo me fui en colectivo a casa. Supongo que los demás dijeron sus "nos vemos" en ese momento. Esa tarde no pasé por los videojuegos. Llegué a mi casa, abrí la puerta y no encontré a nadie, era de día todavía y hacía un poco de calor, cosa normal en pleno verano. Tiré la mochila en la cama, y mientras me sacaba el guardapolvo me acerqué a la ventana para tomar un poco de aire. A través de mi ventana, amiga y compañera incondicional, me quedé mirando la ciudad enorme, llena de luz, húmeda y un poco gris, el típico paisaje porteño. De repente me llegó de golpe la pregunta del millón: "¿Y ahora qué?".
Resultó ser un camino más largo de que esperaba, y es una pregunta que todavía hoy apenas logro contestar(me). Es difícil explicar la magnitud de mis dudas, cómo a partir de esa tardecita empezaron a acumularse y convertirse en una carga mental más grande de lo que podía soportar. No tenía rumbo, no tenía a nadie en quien pudiera confiar mis dudas, y me sentía bastante solo. Mis amigos, mi familia, siempre estuvieron ahí, siempre lo están, pero mis ideas y sentimientos eran algo muy mío, muy particular, y no sabía cómo expresarlos.
Sé que el último día de clases salí a la vereda como siempre, saludando a muy pocas personas. Como era costumbre, todos los demás se quedaron en la puerta del colegio a charlar, mientras yo me fui en colectivo a casa. Supongo que los demás dijeron sus "nos vemos" en ese momento. Esa tarde no pasé por los videojuegos. Llegué a mi casa, abrí la puerta y no encontré a nadie, era de día todavía y hacía un poco de calor, cosa normal en pleno verano. Tiré la mochila en la cama, y mientras me sacaba el guardapolvo me acerqué a la ventana para tomar un poco de aire. A través de mi ventana, amiga y compañera incondicional, me quedé mirando la ciudad enorme, llena de luz, húmeda y un poco gris, el típico paisaje porteño. De repente me llegó de golpe la pregunta del millón: "¿Y ahora qué?".
Resultó ser un camino más largo de que esperaba, y es una pregunta que todavía hoy apenas logro contestar(me). Es difícil explicar la magnitud de mis dudas, cómo a partir de esa tardecita empezaron a acumularse y convertirse en una carga mental más grande de lo que podía soportar. No tenía rumbo, no tenía a nadie en quien pudiera confiar mis dudas, y me sentía bastante solo. Mis amigos, mi familia, siempre estuvieron ahí, siempre lo están, pero mis ideas y sentimientos eran algo muy mío, muy particular, y no sabía cómo expresarlos.
A gritar con Robertito
La profesora de computación estaba buenísima, quizás tenía la edad que tengo yo ahora, o menos aún. Tenía un novio que cazaba o salvaba ballenas, qué se yo. Una vez puse mi música en una de sus clases... algunos se aburrieron, otros se reían de los gritos del cantante, y algunos pocos no dijeron nada y escucharon. Era Led Zeppelin. Ponía Metallica antes de acostarme, y me quedaba dormido escuchándolos. Mi hermana laburaba y estudiaba, asi que estaba poco tiempo en casa. Mi vieja venía a acomodar un poco todos los días. A mi viejo lo veía tan pocas veces como siempre. Montañas de música me llegaban por internet. Empecé a mirar series y películas sin subtítulos. Disfrutaba mucho mi soledad, mi tranquilidad y mis cosas.
Viaje de egresados, sin dudas fue una de las experiencias más interesantes que viví. Me quedaron muchísimos recuerdos de esa semana, todos excelentes, graciosos, lindos, buenos. Podría dedicarles un texto entero en el blog, pero hay uno en particular que opaca a todos los demás, y es el único que vale la pena mencionar. Me había enamorado de nuevo.
Viaje de egresados, sin dudas fue una de las experiencias más interesantes que viví. Me quedaron muchísimos recuerdos de esa semana, todos excelentes, graciosos, lindos, buenos. Podría dedicarles un texto entero en el blog, pero hay uno en particular que opaca a todos los demás, y es el único que vale la pena mencionar. Me había enamorado de nuevo.
PUM PARA ARRIBA
Porsupuesto después, fiel a mi costumbre, dolió muchísimo. El año no terminó en buenos términos con mis emociones, pero haciendo un repaso general, es un año que nunca me voy a olvidar.
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