A diferencia del año anterior, en 1997 pasaron demasiadas cosas juntas. Lo ubico como uno de mis años más significativos, donde aprendí mucho de algunas situaciones, y no lo suficiente de otras. La pasé tan bien como llegué a pasarla mal, por lo que es un poco complicado describir este período en pocas palabras. Desde los mínimos detalles, hasta los acontecimientos importantes, lo bueno y lo malo, todo en conjunto lo hacen especial para mi.
A VERRRRRRRga
Definitivamente fue mi "peor" año en la secundaria, cuando la pasé mejor y fui más rebelde y vago que nunca, me portaba bastante mal, sólo porque era muy divertido. Pero, a partir de la segunda mitad del año, pasaron dos cosas que me cambiaron mucho. No recuerdo exactamente los meses o el orden en el que pasó todo esto, pero sé que pasaron con poco tiempo de diferencia.
Un día llego a casa, y mi vieja me comenta "che, sabés quién murió? Sabrina, te acordás?". Y claro, cómo no me iba a acordar, habiendo estado enamorado de ella durante toda la escuela primaria. Para los demás había sido imposible tomar en serio mis sentimientos cuando era solamente un chico, pero en mi mundo, en mi corazón, ella había sido lo más grande y a pesar del tiempo y la distancia, lo seguía siendo. Ya habiéndome acostumbrado a guardar mis emociones, volví solo al comedor, me senté en una silla, y pensé, pensé mucho. Pasaron las horas y en algún momento de esa noche, lloré mis lágrimas para mi, y para ella.
Nunca fui creyente del cielo y el infierno, o de una vida más allá de lo que conocemos ahora, pero mirando al cielo de noche por la ventana, miraba las estrellas y me hacía bien pensar que ella andaba por ahí, arriba. Hasta le charlé un par de veces, cuando no tenía con quién hablar, cuando dudaba de algo, o cuando la extrañaba. También le canté.
Cumplí quince años. Conocí al tercero de mis amigos de la secundaria, que probablemente tampoco lee el blog como los otros dos. Puto. Viajé a San Martín de los Andes con mis compañeros en un "viaje educativo", lo que fue prácticamente un mini viaje de egresados, sin ser egresados. Estando allá me fui a caminar por la ruta solo y sin avisarle a nadie, me quedó para siempre grabada la imagen de un paisaje increíble, sólo para mi. El lago, la ruta, las montañas, los árboles, el sol, el brillo, el aire, las nubes, los autos cada tanto. En todo el viaje no me saqué mi gorra de los Lakers.
Me había enamorado perdidamente de (otra) Mariana (más), y conservo una imagen muy clara de sus hermosos ojos marrones, a contraluz del sol de la tarde, como si la tuviera frente a mi ahora mismo. Me compré mi B-17 en escala 1:48, enorme, hermoso, todo mío. Le dediqué muchísima atención y cariño, y en casa estuvo siempre a la vista. También me compré muchos, muchos CDs, dos de los Beatles a $14.90 cada uno en Musimundo, pinturas, y un aerógrafo. Juegos para el Sega, juegos para el Super Nintendo. Para esa época ya tenía mi Super Metroid.
Me había enamorado perdidamente de (otra) Mariana (más), y conservo una imagen muy clara de sus hermosos ojos marrones, a contraluz del sol de la tarde, como si la tuviera frente a mi ahora mismo. Me compré mi B-17 en escala 1:48, enorme, hermoso, todo mío. Le dediqué muchísima atención y cariño, y en casa estuvo siempre a la vista. También me compré muchos, muchos CDs, dos de los Beatles a $14.90 cada uno en Musimundo, pinturas, y un aerógrafo. Juegos para el Sega, juegos para el Super Nintendo. Para esa época ya tenía mi Super Metroid.
Leí Expreso de Medianoche en los recreos del colegio. Mi preceptora me veía tan tranquilo y concentrado en mi libro, que creía que estaba deprimido al verme aislado. Me molestaba el ruido, quería leer en paz y venías a joderme e interrumpirme, estúpida. Era un amor la vieja. Me acusaron de un crimen que no cometí, el agujero en la pared ya estaba hecho cuando llegué. No me acusaron de todos los demás crímenes que sí cometí, JA-JA. Fui a una exposición de aeronáutica con mi viejo, donde compré mi Victorinox a $28. Perdí un hacha. La reemplacé con un martillo de emergencia. Perdí el martillo. Serruché muebles. Serruché un barrote. Quemé una mesa.
Tuve mi primera pc, Mafalda. Me crucé en el ascensor con mi viejo que se iba al laburo y me dijo "mirá que ahí trajeron la computadora, esperá a que estemos todos y la armamos". Cuando llegaron todos, ya la había armado, estaba escuchando música (Alive III de Kiss) y jugando al Hover. Mi nivel de inglés creció muchísimo. No, no era joda que aprendí inglés con los juegos. Duke Nukem 3D, Indiana Jones & the Fate of Atlantis, Day of the Tentacle... mi material de estudio era genial. Quise jugar a The Dig tanto como quería respirar. Fui a mi primer recital, a ver Kiss en River. Fui al último recital de Soda Stereo. Qué bien que la pasé. Ese año fui feliz.
Tuve mi primera pc, Mafalda. Me crucé en el ascensor con mi viejo que se iba al laburo y me dijo "mirá que ahí trajeron la computadora, esperá a que estemos todos y la armamos". Cuando llegaron todos, ya la había armado, estaba escuchando música (Alive III de Kiss) y jugando al Hover. Mi nivel de inglés creció muchísimo. No, no era joda que aprendí inglés con los juegos. Duke Nukem 3D, Indiana Jones & the Fate of Atlantis, Day of the Tentacle... mi material de estudio era genial. Quise jugar a The Dig tanto como quería respirar. Fui a mi primer recital, a ver Kiss en River. Fui al último recital de Soda Stereo. Qué bien que la pasé. Ese año fui feliz.
Hola Chica, tengo un Alma de Goma.
Definitivamente fue mi "peor" año en la secundaria, cuando la pasé mejor y fui más rebelde y vago que nunca, me portaba bastante mal, sólo porque era muy divertido. Pero, a partir de la segunda mitad del año, pasaron dos cosas que me cambiaron mucho. No recuerdo exactamente los meses o el orden en el que pasó todo esto, pero sé que pasaron con poco tiempo de diferencia.
Un día llego a casa, y mi vieja me comenta "che, sabés quién murió? Sabrina, te acordás?". Y claro, cómo no me iba a acordar, habiendo estado enamorado de ella durante toda la escuela primaria. Para los demás había sido imposible tomar en serio mis sentimientos cuando era solamente un chico, pero en mi mundo, en mi corazón, ella había sido lo más grande y a pesar del tiempo y la distancia, lo seguía siendo. Ya habiéndome acostumbrado a guardar mis emociones, volví solo al comedor, me senté en una silla, y pensé, pensé mucho. Pasaron las horas y en algún momento de esa noche, lloré mis lágrimas para mi, y para ella.
Nunca fui creyente del cielo y el infierno, o de una vida más allá de lo que conocemos ahora, pero mirando al cielo de noche por la ventana, miraba las estrellas y me hacía bien pensar que ella andaba por ahí, arriba. Hasta le charlé un par de veces, cuando no tenía con quién hablar, cuando dudaba de algo, o cuando la extrañaba. También le canté.
¿Cuál? Essssta...
Buscad la letra.
Ese año mis viejos se separaron por primera vez, una mañana de domingo, horrible. Me despertaron los gritos de una discusión, algo totalmente extraño para mi, mis viejos tenían la costumbre de arreglar sus diferencias fuera de la vista de sus hijos, detalle admirable. No fue sorpresa igualmente ver cómo llegaba todo a un desenlace, tenía quince años, pero no era ni tonto, ni ciego, ni sordo. Sabía que algo andaba mal. Nunca me imaginé que las cosas iban a llegar hasta ese punto. Lloramos todos, me lastimé la mano golpeando una pared, para no golpear a mi viejo. Gritamos. No sentía más que furia y tristeza, por no saber qué hacer, por sentir impotencia ante una situación que me superaba y no sabía cómo enfrentar. Tenía miedo.
Las horas de la mañana fueron pasando, llegaba el mediodía, y las reservas de palabras y reclamos (y lágrimas también) se habían acabado. No me acuerdo qué pasó durante el resto de ese día, pero sé que después mi viejo ya no estuvo en casa, y después de haber visto reducida mi familia a cuatro personas, había una baja más, totalmente innecesaria, errónea, estúpida. Lo más triste de todo aquel drama, es que se había aprendido muy poco.
Ese año mis viejos se separaron por primera vez, una mañana de domingo, horrible. Me despertaron los gritos de una discusión, algo totalmente extraño para mi, mis viejos tenían la costumbre de arreglar sus diferencias fuera de la vista de sus hijos, detalle admirable. No fue sorpresa igualmente ver cómo llegaba todo a un desenlace, tenía quince años, pero no era ni tonto, ni ciego, ni sordo. Sabía que algo andaba mal. Nunca me imaginé que las cosas iban a llegar hasta ese punto. Lloramos todos, me lastimé la mano golpeando una pared, para no golpear a mi viejo. Gritamos. No sentía más que furia y tristeza, por no saber qué hacer, por sentir impotencia ante una situación que me superaba y no sabía cómo enfrentar. Tenía miedo.
Las horas de la mañana fueron pasando, llegaba el mediodía, y las reservas de palabras y reclamos (y lágrimas también) se habían acabado. No me acuerdo qué pasó durante el resto de ese día, pero sé que después mi viejo ya no estuvo en casa, y después de haber visto reducida mi familia a cuatro personas, había una baja más, totalmente innecesaria, errónea, estúpida. Lo más triste de todo aquel drama, es que se había aprendido muy poco.
Gracias (?) a esos dos desastres, el proceso de convertirme en un tipo callado y retraído, se aceleró bastante.
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