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septiembre 23, 2012

Sarasa Mental #08

Allá por marzo escribía mi última perlita mental, qué loco. Pasaron los meses y no es que no haya tenido nada interesante para comentar, siendo que mi vida de a poco se fue convirtiendo en una cosa mucho más interesante de lo que era hace no mucho tiempo. Sin necesidad de entrar en detalles en un espacio tan público (cosa rara después de haber escrito cada cosa acá...), quizás paso solamente a reafirmarme a mi mismo que este espacio siempre está disponible para mis ideas.

Hoy como casi siempre, vengo al blog sin una idea clara o concreta sobre lo que tengo ganas de expresar, queda advertido el lector. Probablemente el 90% de las cosas que escribí se basaron en alguna emoción, en la necesidad de decir algo, las ganas de escribir un rato y despejarme un poco la cabeza... y esta ocasión no es distinta, creo. Me trae acá evidentemente una emoción, ganas de hacer un descargo hacia una persona que es mejor que permanezca anónima, a la que llamaré de ahora en más Yegua.  =D

No sé si es particularmente el estar pensando en Yegua (hola Yegua), o el disgusto y disconformidad que me provocó hace poco y me llevó a pensar en otras cosas, lo que me trae de nuevo por estos lares. Puede ser una combinación de todo eso también.

Es fea la decepción, es feo el creer en algo y tener confianza e ilusiones, y darte cuenta que la realidad es otra, pero, de quién es la culpa entonces? ¿Solamente de Yegua? En un engaño siempre hay dos partes, el que engaña (a veces sin darse cuenta) y el que se deja engañar (hola, título del blog, Boludo presente). Es ahí entonces donde mi enojo se hace un poco más pichón y el cerebro empieza a analizar un poco mejor las cosas. La decepción pasa entonces a ser aceptación de algo que sabías que iba a pasar, y el enojo se convierte en frustración.

Yegua no cumplió, y bueno Boludo, vos sabías.

Es fácil enojarse y culpar al otro, es la salida más rápida y la que trae menos juicio sobre uno mismo, que inmediatamente se siente víctima, por reflejo. ¿Qué se hace entonces con ese enojo tonto, que por dentro uno no quiere más que dejarlo pasar, olvidado por ahí? Nada. Poniendo las cosas en perspectiva, un enojo no es digno de atención ni cariño, lo mejor es dejarlo ir. ¿Y qué hacer con la decepción inevitable y también instantánea que llega con el enojo? Dije que al entender la situación, no queda más que aceptar la realidad, no? Casi. Para no embarullarme demasiado, puedo decir simplemente que ese sentimiento de falla, de sorpresa al saber que el otro no hizo lo que debía, de traición si se quiere más dramatismo... ese sentimiento no se va. Podés aceptar y hasta entender por qué te cagaron o por qué las cosas no salieron como querías, pero una vez que realmente te decepcionaste, es muy difícil volver de ahí. Se pudrió todo.

Ya no vale nada un enojo, no vale nada una sonrisa, un abrazo, un arreglo temporal, una máscara, y eso es lo más triste, el sentir y pensar un "¿y para qué?". Aceptaste que la realidad es como te la pintó ese último mal gesto, tan real y tan crudo, y que de repente las cosas ya no son como antes. Por eso terminando de escribir, puedo decir que Yegua hoy me tiene sin cuidado, y me da pena que sea así. No existe más esa furia instantánea, a lo sumo solamente quedan rasgos de ella por puro capricho. Quizás también no queda más que aceptar que las cosas son como son.

Lo peor de todo, es saber que todavía en el fondo, a Yegua la querés mucho.

mayo 25, 2011

Musiquero #12

Estuvo re bien en Patch Adams (?)



Demasiado personal como para pegarla en Facebook.

Qué cosa rara son los gustos musicales, lo popular, lo común, lo especial. Al 90% de mis amigos podría decirles "che, escuchate este tema que está bárbaro", y recibir una mirada de "nah, ¿Robbie Williams? ni en pedo". Así como puedo decir que de chiquito escuchaba Erasure, y todavía lo sigo escuchando, hay quienes no lo comprenden.

Hay algo que va más allá de la estética de la banda, del estilo de vida de un cantante, que puedo o no compartir... de hecho, me chupa un huevo; generalmente sólo me interesa la música. Y en este caso, es un tema hermoso, brillante. Cómo se construye de a poco, los coros del final, la fuerza que va ganando la voz y toda la canción en general (lástima la calidad de sonido de YouTube, es un desperdicio). Es una canción que puedo escuchar todo el día, una y otra vez, sin llegar a cansarme. Y la letra, es difícil (y probablemente inútil) ponerme a analizarla, porque para cada uno puede tener un significado diferente. Podría tratar de explicar qué la identifica conmigo, pero es algo que hoy por hoy, sólo yo podría entender.

Por ahora, es sólo una linda canción, de un tipo que probablemente no sea tomado muy en serio a nivel artístico, puede que sea música fabricada (o no), hasta podría llamarse "comercial" por alguien corto de oído. Yo elijo darle un sentido mucho más grande, sentarme tranquilo a esta hora de la mañana, y disfrutar el sentimiento fuerte y personal que me transmite la melodía. Frenar cada dos o tres frases a escuchar con atención, sintiendo que algo entiendo de lo que dicen no sólo las palabras, sino también la fuerza de la voz.



Always and forever, is forever young
Your shadow on the pavement, the dark side of the sun
Gotta dream the dream all over and sleep here tight
You don't wanna sing the blues in black and white
And it's hope that springs eternal for everyone
If it ain't broke then break it
Oh the damage done

Try and love somebody
Just wanna love somebody right now
There's just no pleasing me
Try and love somebody
Just wanna love somebody right now
Lady lay your love on me

Violet in the rainbow just melts away
There's not enough minutes in an hour or hours in the day
A song played in a circle that never skips a beat
A stranger in a country that I have yet to meet
And let's hope that spring's eternal for everyone
Your lifetime in a second
All the damage done

Trying to love somebody
Just wanna love somebody right now
Guess there's just no pleasing me
I wanna love somebody
Just wanna love somebody right now
Lady lay your love on me

It'll come in your sweet time Lord
I've just got to let you in
The blind leading the blind Lord
Getting underneath your skin
I can feel you in the silence
Saying let forever be
Love and only love will set you free

I wanna love somebody
Wanna love somebody right now
There's just no pleasing me
I wanna love somebody
Just wanna love somebody right now
Lady lay your love on me

It'll come in your sweet time Lord
I've just got to let you in
The blind leading the blind Lord
Getting underneath your skin
I can feel you in the silence
Saying let forever be
Love and only love will set you free




Y coso, ya voy a tener algo más interesante para escribir.

marzo 15, 2011

Sarasa Mental #07

¿Qué se le dice a la que ya no está? Se la llevó el tiempo, el destino, el aire. Cómo mantener un diálogo con la ausencia, llena de escombros e ideas de lo que no fue, o lo que pudo ser. Frases que quedaron sueltas en el filo de la lengua, a destiempo, incompletas algunas, demasiado contundentes otras... recordamos tanto a las que tuvieron poca importancia, como a las definitivas. ¿Qué decir cuando todo lo que ya se dijo pasó de largo? Algunas cosas son irremediables.

Los momentos de soledad, el nombre de alguna calle, alguna canción, una idea antes de dormir; son todas cosas que le disparan un poco de electricidad a esa neurona de la duda, de la memoria. Las preguntas, las hipótesis, esas charlas que pudieron haber sido distintas, los ensayos mentales previos a algún momento importante, que no salió como esperábamos. Es posible que no tenga caso hundirse en esos pensamientos que (generalmente) no nos llevan a ninguna parte. Con mucha, pero mucha suerte, podríamos llegar a alguna epifanía personal, lograr captar algún detalle que pasamos por alto sin darnos cuenta, quizás por estar buscando algo en el lugar equivocado, etcétera... es una posibilidad muy vaga como para ser justificativo de tanto barullo, no?

Quizás no haya palabras "útiles" para decirle a esa persona que ya no está, precisamente porque ya no forma parte de nuestra vida cotidiana. ¿Qué queda entonces? Quizás los recuerdos sean lo mejor y más duradero, y sin dudas podemos elegir qué recuerdos queremos tener a mano. Lo que se dijo y fue bueno, momentos juntos, segundos, minutos, días. Alguna foto, memorias, saber que alguna vez soñamos en que podía durar para siempre, que los proyectos de uno o ambos murieron porque no podía ser de otra manera, y no queda más que aceptarlo y seguir adelante. Tratar de encontrar una paz que cada tanto nos asalta, mientras nos quedamos sorprendidos de sentirnos bien sólo "porque sí". No le tengo miedo a la nostalgia, a las ideas que llevan al remordimiento y a lamentarse por no haber podido hacer lo mejor, inexpertos, ignorantes, tontos.

Y mientras escribo esto, me vienen a la mente más de una sonrisa, más de una voz, un corazón... con ninguna puedo enmendar el pasado, y lo lamento. Ésta es justamente una de esas ideas que te arremolinan la noche, te ponen frente a una pantalla, y te obligan a pensar y tirar preguntas al vacío. Qué loco que termina siendo uno mismo quien tiene la respuesta a tantos enigmas y problemas aparentemente sin solución. Tan fácil es, sólo basta con permitirle un descanso a la cordura.

enero 21, 2011

El arte en todas sus formas

Seguido me pasa que escuchando una canción, de alguna manera (a veces) me llega el sentimiento de quien la compuso, o el cómo. Quizás porque la palabra está más llena de sensación que una imagen, pero también existe el dicho de que imagen vale por mil palabras. Muy pocas veces me encuentro mirando algo que me transmite una sensación más allá de lo "bonito" que se ve, o de lo bien hecho que está.


Gustave Doré - Les Saltimbanques (1874)


Y acá más grande.

En el mundo de lo visual, estoy más acostumbrado a ver fotos. Si bien lo que uno ve es la mirada misma del fotógrafo, no deja de ser una imagen "real", no producto de la imaginación o de una creatividad personal. Me refiero a que esta pintura en particular, es algo que nació a partir de un espacio en blanco, vacío, donde un tipo tuvo una idea, una imagen inexistente aún, y logró transmitirla fuera de si, para que la vieran todos los demás.

Hay miles de canciones y textos que transmiten fácilmente un sentimiento, un pensamiento, un corazón... en mi vida vi pocas imágenes capaces hacer eso mismo. Un retrato no me dice nada, no me fascina la sonrisa de la Mona Lisa, y un paisaje es sólo un lugar bonito para pasear. Creo que esta pintura trabaja más en favor del sentimiento, que de la belleza, es genial. Es cuestión de prestar un poco de atención a los detalles, y tratar de entender qué pasa, después cada uno sacará sus propias conclusiones. A mi me tomó por sorpresa, y eso me encanta.

Supongo que lo que más me impactó, fue descubrir que después de años y años de crear imágenes sencillas, bonitas, simples y con un sentido obvio, lo que más me gustaría es poder crear (algún día) algo capaz de transmitir mi pensamiento, mi corazón. Contar una historia sin recurrir a la palabra.

agosto 02, 2010

2006, Parte 2





Hay una razón por la que el 2006 se divide en dos. La primera mitad estuvo bastante buena, había aprendido algunas cosas y tenía en el bolsillo montones de lindos momentos. La segunda cambió mucho de eso. Una madrugada de agosto llega mi viejo del laburo, lo escucho discutir con mi vieja por la hora, y ya no sé bien qué pasó después. Sé que él se quedó cenando solo en la cocina, mientras mi vieja lloraba en la pieza, desconsolada. El rato que me quedé abrazado a ella me pareció eterno, me partía el alma verla así, tan frágil, indefensa y triste. A él lo odié muchísimo.

Mis viejos se separaban de nuevo, y esta vez era todo distinto, ya no tenía quince años y entendía perfectamente lo que estaba pasando. Me sentí responsable de contener a mi vieja, de no dejarla caer, y por primera vez tuve miedo real de que el momento de no tenerla más en mi vida estuviera cerca. Ella quería dejarse morir, y yo no sabía si era capaz de evitarlo. Me gasté todas las fuerzas físicas y mentales que había logrado reunir durante mi cortito tiempo de felicidad, esperando que fuera suficiente. Se enfermó, sufrió mucho, pero pasaron los meses y poco a poco salió a flote. De nuevo éramos solamente una familia de tres personas, y nadie más.

Mi vida venía corriendo como loca hasta que me estrellé de frente con esta pared, y lejos de frenar, pasé de cien a doscientos en una noche, y no paré más. Un año después me iba a pasar factura, pero no importaba, mi vieja estaba mejor.







Seguí laburando en Saavedra, donde me pasaba un día entero pensando y pensando, llorando a veces cuando venía el mediodía y no había nadie en el negocio por un rato. Después de escuchar las razones de mi viejo para irse, entendí perfectamente por qué lo hizo, quizás mejor que él mismo. Fui capaz de no condenarlo y no darle la espalda, y creo que hice bien, es mi viejo. La época de divertirme y hacer lindos planes se había acabado, y me di cuenta de lo mucho que había crecido en tan sólo un par de años. Traté de seguir con mi vida lo más normalmente posible, y empezó una época de introspección muy grande para mi.

Igual, no todas fueron pálidas. Me hice amigo de otra cordobesa increíble, que conociéndome poco y nada me aceptó en su mundo y me regaló un cariño que es una de las mejores cosas que aún tengo. También cerca de fin de año pude recuperar a una vieja amiga, que seguía firme ahí a pesar de un año de ausencias y silencios. Ambas cosas me ayudaron mucho.

Viajé a Córdoba una o dos veces más, se me estaba haciendo costumbre, y en la ruta encontraba una paz que no podía encontrar en otros lugares. Nacía el sueño de vivir lejos. Necesitaba escaparme de todo.

julio 25, 2010

2000

Siempre tuve un corazón inquieto y enorme, además de una inocencia que roza la estupidez cuando se trata del género femenino. A pesar de ser tan enamoradizo, habían pasado varios años desde la última vez que había sentido algo tan fuerte. Es cierto que el tiempo cura todas las heridas (con un poco de paciencia), pero también te envuelve poco a poco una sensación de seguridad al hacerte olvidar las penas pasadas, bajás la guardia, y no te importa estar vulnerable y feliz. Y es bueno, es genial, pero también entendí que para mi, era peligroso abrir mi corazón.

Me dejé llenar por un cariño y un amor inmensos, sin dudar, sin pensarlo dos veces, estaba seguro. Hasta que un día sin aviso, ella desapareció. Cometí el error de permitir el paso del tiempo, esperar y tener esperanzas de que ella volviera del silencio algún día, pero esperé, y esperé un poco más, hasta darme cuenta que ya era tarde.



Coso






Todas esas sensaciones, ideas, sentimientos, locuras y alegrías, me habían quedado dentro, encerradas y solitarias. Sin tener una vía de escape para semejante tormenta, me convertí en un tipo serio, amargado, silencioso, cerrado y lleno de tristeza. Me encerré en lo que imaginé como una coraza, en donde nadie pudiera molestarme o hacerme daño. Me tragué toda la angustia y el desamor, y decidí seguir adelante, arrastrándolo todo como una piedra en el cuello.

Intenté estudiar, intenté trabajar, intenté no pensar, y no pude lograr ninguna de las tres cosas. No tenía ganas, no tenía fuerzas, y no sabía qué hacer. Un gran error cometí que sólo reconocí mucho después, el no haberle contado nada a nadie en su momento, el no haber pedido ayuda. Perdí meses de mi vida, perdí noción del tiempo, y me daba cuenta de que se me estaba pasando de largo la oportunidad de despegar. Estaba apático, pero totalmente consciente del desastre de dejarme llevar por todo eso. Pasé nueve meses yendo casi todos los días a una plaza, a leer, a sentir el sol en la cara, a caminar, a no pensar en nada y sentir algo diferente.




Todos los días






Durante mis ya cumplidos dieciocho años, había aprendido a analizarme solo, a sacar adelante mi corazón y mi mente en base a mis propios esfuerzos. Ya estaba acostumbrado a no hablar, a pensar demasiado, a discutir mis ideas con el aire, o contarle mis cosas al cielo de noche. Todo yo, todo yo. Fue a partir de ese año, a raíz de ese descontento con la gente y con la vida misma, que empecé a escribir, tal como lo hago ahora. Un simple archivo de texto se fue llenando de palabras que me sonaban extrañas si las leía en voz alta, pero no eran ni más ni menos que mi forma de pensar. Quienes lean esto probablemente conozcan mi manera de hablar, bastante sencilla, porque me es cómoda de esa manera, pero en ese espacio donde me permití expresarme empecé a conocerme a mi mismo de otra forma. No me gusta leerme.

julio 21, 2010

1995

Tengo un cierto desorden de memorias a partir de este año, cosa curiosa teniendo en cuenta el detalle con el que recuerdo cosas más viejas. Ya que me perdí un día de escribir en el blog (19-21, mirá la fecha, despistado lector), lo de hoy va a ser un poco más largo. No estoy muy seguro de algunas fechas, y tengo grandes lagunas. Seguro estoy de que empecé la secundaria a mis trece años, ya había puesto mis ojos (y nada más todavía) sobre Natalia, y empezaba una etapa que me llevó a convertirme en el tipo que soy en este momento. Imagínense que durante mi infancia empezaron a amasar el molde, en mi paso por la escuela primaria lo fueron cocinando, en la secundaria le fueron sacando cachitos con martillo y cincel, y después finalmente quedó armado el mostro mutante que todos conocen y adoran. ¡Hola!


"Atorrantes a torrar"





¡Santa cacucha Batman!





Empecé a entender que me había convertido en un tipo sentimental. Atrás habían quedado mis desopilantes aventuras delictivas de juventud. Solía portarme mejor, y dejé de pelearme con la gente. De hecho, fue en primer año la última vez que me agarré a golpes con alguien, me retiré después de ganar esa última batalla, teniendo un ojo ligeramente hinchado y algún que otro moretón, pero victorioso, el otro pibe quedó peor, me contaron.

En realidad no creo haber sido nunca un tipo violento, pero sí muy fácil de molestar, por decirlo de alguna manera. Después de años de psicóloga y problemas varios, aprendí a controlar mis emociones, a analizar cada situación dos veces por las dudas, antes de tomar una decisión. Es una costumbre que todavía me persigue, y si bien me dotó de un punto de vista muy particular (y útil) para muchas cosas, también me jugó en contra en otras tantas. El hecho de guardar enojos, evitar discusiones, hacer todo lo posible por no molestar a nadie, y así evitar molestias para mi. El haber aprendido desde tan chico a tener un nivel de autocontrol tan alto por necesidad, siempre fue un arma de doble filo.

Ese año mi familia tuvo otro golpe irremediable, cuando después de un tiempo de andar padeciendo, mi última abuela también falleció. Mi vieja ya había perdido a sus dos padres en circunstancias bastante difíciles, y ahora le tocaba a mi viejo atravesar por ese camino amargo. Mi abuelo, su papá, había muerto cuando él todavía era un chico, más chico de lo que yo era en esa época. Lo conocí muy poco, a través de todo lo que mi viejo puede recordar de él con mucho esfuerzo. Todo el resto de su vida hasta ese momento, fue el guardián y protector de su mamá, mi abuela.

Pasaron por mil y un desastres, dificultades, contras, y todo lo que una vida difícil te puede tirar por la cabeza, pero juntos salieron adelante, crecieron mucho, y sé que se querían un montón, que quizás suene un poco obvio, pero no lo es. Pasaron años peleándola juntos, teniéndose solamente el uno al otro, ellos mismos eran su única familia, hasta que llegó mi vieja, y luego mi hermana y yo. No fue nada fácil acoplar las nuevas caras, y haciendo un esfuerzo increíble ella permaneció en casa con nosotros hasta que fue hora de poner límites y separar un poco las aguas. Mi abuela tuvo que mudarse, con todo el dolor del alma para mi viejo, pero era algo necesario.

A veces me pongo a pensar en qué habrá sentido mi abuela al irse a vivir a una pensión, tener que separarse de su hijo, y a su vez lo difícil que debe haber sido para él tener que aceptar que la convivencia en un departamento de dos ambientes, no era algo para cinco personas. No me queda más que imaginar esas sensaciones, porque lo que yo recuerdo es quererla mucho, e ir contento a visitarla a pocas cuadras de mi casa. Recuerdo abrazarla y sentirla cada vez más chiquita, porque yo iba creciendo. La macana es que el tiempo no pasaba sólo para mi, y mientras yo me ponía más alto y fuerte, ella parecía más frágil y débil, cansada, y sola. Fui testigo de lo que provoca tener muchos años encima, y llegué a conocer y entender un poco la impotencia de saber que la vida se apaga de a poco. Es natural, es triste, y cuesta mucho.

Llegó otra mañana como la de unos años atrás, misma escena, distinta reacción. Silvia de nuevo sentada en una silla, despertándome despacito, la noticia, y un silencio. Entendía perfectamente qué había pasado, estaba sereno al saber que mi abuela ya no estaba mal. Más tarde llegaron las lágrimas, los abrazos de consuelo y el pensar "¿y ahora?". Ahora me doy cuenta, al hacer memoria de esto y de todas las cosas que fui escribiendo estos días, que mi mente ya funcionaba de otra manera, estaba más grande. No sé en qué punto pasé de ser el chico despreocupado de todo, feliz con sus autitos y demás juguetes, a ser un pibe en proceso de convertirse en adulto, que es más o menos lo que soy todavía.

Eso marcó la última movida sin vuelta atrás que me tocó vivir de cerca, de golpe éramos solamente una familia de cuatro, nada más. A pesar de todo, yo tenía trece años todavía, la vida seguía adelante sin mirar demasiado atrás, una actitud bastante sana para algunas cosas. La secundaria recién empezaba y no la iba a pasar tan mal.

julio 17, 2010

1992

Este sí fue un año muy... complicado, malo para mi familia. Ya tenía la edad suficiente como para entender (sólo) algunas cosas, y era más consciente de lo que me rodeaba. No creo que haya arrancado mal ese año, no lo recuerdo así. Mi hermana terminaba la secundaria. Yo tuve mi primer cd, Use Your Illusion 2. Había empezado a estudiar francés y era muy bueno. Tenía 10 años. Estaba en quinto grado, donde mi maestro era mi amigo. Ya no hacía tanto quilombo, tenía mejores notas que nunca. Ciertamente no era un mal año, para nada. Hasta que llegó una mañana que me quedó grabada para siempre, donde me desperté viéndola llorar a mi hermana, sentada en una silla al lado de mi cama. No sabía qué pasaba, pero me acuerdo tan pero tan bien de la angustia de no saber, de tener miedo, de ponerme prácticamente a llorar con ella sólo por verla triste. Mi vieja no estaba, cosa rara en una mañana. Silvia, sacando fuerzas de no sé dónde, me dice que "la abuela, se murió", casi encogiendo los hombros, llorando. También fue una de las primeras y pocas veces que recuerdo haberla abrazado, muy fuerte. Nos quedamos así un rato, por suerte estábamos los dos juntos. Mi familia de un día para el otro se volvió todavía más chica.

La peor parte se la llevó mi vieja, y es algo que sé que todavía la afecta, y es una de las cosas por las que una persona no debería pasar jamás. Fue ella quien tuvo la desgracia de encontrar a mi abuela en su casa. Sé que no la vió directamente al llegar a su casa, sólo vió la sombra que venía desde la pieza, a contraluz de la lámpara que colgaba sobre la cama. Mi abuela, una mina tan fuerte, una leyenda prácticamente en mi familia, dura, inteligente, increíble, llegó a un punto en el que no quiso vivir más, e hizo todo lo posible para dejar de sufrir... nunca supe bien qué la tuvo así, pero resultó ser algo mucho más fuerte que ella, cosa difícil de creer. Mi vieja heredó esa fortaleza, y la fue descubriendo con el tiempo. Hace relativamente poco, la vida le dió un golpe muy duro, y tuve miedo de nuevo como aquella vez, de no estar seguro del futuro, un miedo nacido de la incertidumbre, de la pena. Me tocó a mi entonces aprender a ser fuerte, no por mi, nunca por mi, pero por los demás, por ella, porque aún sin saber bien qué hacer, hice todo lo posible para que mi vieja no bajara los brazos como hizo su vieja, su mamá.

Las consecuencias de la decisión que tomó mi abuela en el '92, todavía hoy se sienten en casa, forman parte de nosotros. Aprendimos mucho a un costo altísimo, pero no desaprovechado. Mi vieja está conmigo, el recuerdo de mi abuela está con nosotros todo el tiempo, y son cosas buenas. Los jazmines que crecían en su jardín, que nos regalaba para traer a casa cuando volvíamos de noche. Seguramente por eso es el perfume más lindo que reconozco, tan dulce y lindo cuando hacía frío mientras esperábamos el tren en la estación. Me quería mucho, aunque la hiciera renegar por inquieto. La quería inmensamente a mi hermana, su último gesto fue regalarle su viaje de egresados, supongo que ella tampoco se olvida más de eso. Y cuento las anécdotas de mi abuela con orgullo, porque siempre dió pelea, porque tenía un corazón enorme, porque también sufrió mucho cuando mi abuelo no estuvo, e hizo todo lo posible por seguir adelante. Le gustaba cantar, era pícara, sabía hacer de todo, hasta se subía al techo de su casa para arreglar las tejas. Sabía treparse a los árboles. Sus flores y su jardín eran su vida. Mate todo el día, costumbre que adoptó su nieta. Mi vieja se peina el pelo hacia atrás, y es tan parecida. Era muy bonita. El shock que le provocó a mi vieja, creo que nunca se le cruzó por la cabeza, sino quizás hoy estaría todavía cuidando su casa.

Sin duda alguna, su falta fue lo que más nos cambió la vida. Tal como a mi abuelo, me hubiera gustado tanto poder sentarme a charlar con ella hoy, mostrarle el tipo de persona en la que me convertí, charlar de música, de libros, de flores, del campo, y preguntarle por qué es tan cabeza dura, o era. Nos perdimos la oportunidad de tener discusiones largas, buenas.


Hoy pongo un video solo. Tenía diez años.




"Prefiero un chamamé"





Hace menos de un mes volví a la casa de mi abuela, completamente abandonada, después de 18 años de no ir. Los árboles siguen siendo enormes, el jardín ya no está. La casa tan chiquita en el medio. La reja y la puerta de la vereda están ahora apenas más altas que mi cintura. Falta el color, el perfume no está. El viaje en colectivo y tren ahora me parece tan corto. Creí que el impacto iba a ser más grande, pero no, ya no puedo sentirme parte de ese lugar, se siente casi ajeno, y está bien así. Reafirmé la noción de que las mejores cosas de ella son las que tengo en mi memoria, y estoy seguro de que con el pasar de los años, no van a perder su valor para mi.

febrero 10, 2010

Alegría

Ojalá mi blog tratara temas alegres, cosas simples, o hablara de alguien más que no fuera yo. Pero por ser yo mismo quien escribe, es raro encontrar alegría, cosas simples, y temas ajenos a mí. Ya no puedo contar las veces que deseé ser un tipo más simple, con una mente menos inquieta y con menos preguntas en la frente, quizás siendo un poco más idiota (sí, más) podría pasar una existencia un poco más alegre, sin darme cuenta de muchas cosas, entre ellas lo complicado de mi corazón.

¿Cuál es mi identidad? ¿La de un tipo generamente pensativo y por consecuencia triste? ¿Confundido, perdido?. Nada de todo eso me sirve para llegar a ser la persona que quisiera ser. Y por ser pensativo (y sentirme perdido y confundido) me pregunto si puedo encontrar la manera de ser la evolución de mi mismo, la versión mejorada y feliz. Y la duda no se refiere tanto a la posibilidad de encontrar cómo hacerlo, sino más a la idea de lograr hacerlo una vez que la encuentre. Probablemente la respuesta es tan pero tan simple, que no llego a entenderla.

Desde muy chico empecé a creer que la clave para crecer feliz, no la encontrás solo. De hecho, toda mi vida se basó en buscar con todos los sentidos a esa compañía, y seguramente no fui ni soy el único. Creer y sentir que esa persona destinada existe, o tiene que existir en alguna parte. Hay gente que cree en Dios, o en Maradona (?), pero mi única creencia es que ella existe... y qué pasa si me equivoco? Si no es más que una ilusión, una idea esperanzadora para evitar ver la realidad.

Veo gente que se apiña dentro de iglesias gigantes esperando una señal del cielo, tipos que se vuelan en pedazos para encontrarse con qué se yo cuántas vírgenes en el más allá. No entiendo sus creencias y esa fe ciega, y no sé si me causa pena, indiferencia, o risa. Qué pensarán ellos de mi, capaz sienten lo mismo que yo cuando los veo a ellos. No hablo de religión porque no me interesa, pero la fe en algo es algo totalmente válido. Habrá gente que tiene fe en una zanahoria o en una llanta de camión, no lo sé, pero yo tengo una estúpida fe en el amor, y no entiendo razones.

Dios ayuda al desvalido. Chicos durmiendo en la calle.
Yo creo en el amor para siempre. Mucha gente sola.

Es difícil creer en algo cuando no se hace presente, y es más difícil tener fe en algo cuando ves que abunda en otros lugares, pero no aparece para vos. Quizás es tiempo de aceptar otra fe, la propia, la que ayuda a aquellos solitarios que se tienen sólo a si mismos para confiar en su propio futuro. El amor es una idea hermosa, pero la realidad es que mi vida es una cosa triste. Eso, es una de las pocas cosas simples que se pueden leer acá.

enero 03, 2010

Descargo #04

Cómo nos alcanza el pasado a veces, golpéandonos despacito la frente con un dedo molesto, mientras uno mantiene su mejor cara de poker. Una foto, una frase, una idea, una situación al azar que se repite, totalmente irrelevante y sin embargo de alguna manera termina conectándose con algo que nos toca de cerca. Y probablemente esas son las más jodidas, porque te agarran desprevenido.

Y te hacen pensar en muchas cosas. En lo que fue, en lo que no fue, un millón de posibilidades (o no tantas) y caminos que pudiste seguir, o pudieron tocarte en suerte... y no, resulta ser que todo se reduce a un "y bueno, es lo que hay". Lo mejor no pasó, eso que esperabas se fue, quedó atrás en un pseudo olvido, inútil para tu presente. Y es molesto cuando todo eso te ataca por sorpresa, porque quedás tan desconcertado y bobo como "aquella vez", lleno de las mismas preguntas. Lo que me pregunto ahora es cuánto tiempo más puede tenernos atrapado un sentimiento que en realidad ya no existe. Está bien que las experiencias pasadas nos van marcando, algunas nos enseñan alguna que otra cosa, y otras simplemente nos jodieron la vida... pero ojalá fueran solamente eso, parte del pasado, borrón y cuenta nueva, historia antigua.

También surge la duda de si vale la pena o no creer que todavía se puede pelear por algo perdido, y digo "creer" porque estoy seguro de que la gran mayoría de las veces, es imposible recuperar lo que se fue. Quizás no tenga mucho sentido porque uno mismo va cambiando, y si esta persona que ahora escribe (o aquella que lee) pudiera viajar al pasado para revivir ese momento de decisión, aún sabiendo que haciendo tal o cual cosa podría remediar algo, resulta que ya no soy el mismo, y las ganas desaparecieron, asi como la esperanza. Sí, podría haber dicho algo distinto, usar otra manera, pero mi corazón y mi cabeza a esta altura ya están cansados, y me pregunto para qué luchar, para qué seguir ilusionado con la idea de algo mejor, o algo no tan malo.

Y para no ser tan vago o poco claro en lo que escribo, la historia concreta es muy simple: enamorarse de una amiga, hacer todo mal, y aún así luchar por la esperanza de algo todavía bueno, pensando que no todo está seco y vacío. El tiempo desgasta, yo cambié y ella seguramente hoy en día es otra persona muy distinta a la que conocí hace tanto tiempo ya. Y pensar en esos millones de distintos caminos que podría haber tomado, hoy no tiene sentido, asi como tampoco lo tiene el pensar en las millones de maneras que hay (si las hay) de seguir luchando por algo que ya no está.

Hay una frase en inglés que para mi tiene muchísimo sentido, aún siendo tan simple, y por un segundo me tranquiliza: "move on". Pero sigo preguntándome por qué no es tan fácil como suena, y me cansa pensar en cuánto más puede estar esa pregunta dando vueltas por encima de mi cabeza. Me canso de todo.

diciembre 17, 2009

Wish you were here

Ese tema estoy escuchando ahora, después de haberlo escuchado mil veces ya. Amanece, 4:45 a.m. y apenas se ve un poco de claridad por la ventana. Intento buscarle una razón al título de esto, más allá de lo circunstancial de la canción, que puse porque tenía ganas de escuchar sólo esa música, no el álbum entero, dejando que se repita ahora que terminó. Siempre tuve la sensación extraña no saber qué es (cuac) extrañar. Muchas veces dudé de ese sentimiento, dudar si realmente existe, o si soy yo nomás que a veces me creo incapaz de extrañar. Y tantas otras veces siento que se me parte algo por dentro, cuando me falta alguien en particular. No es la soledad lo que molesta, es no tener a nadie con quien compartirla, que tal o cual persona justo en ese momento en el que querés compartir algo, como lo que veo ahora por la ventana, no está. Y aún así, sigo sin estar seguro de si esto es extrañar.

La respuesta a eso, para mi, debería ser bastante sencilla, y siempre lo fue: será que no perdí a nadie todavía, no realmente. Algunos me elogiaron ese punto de vista, alguna vez, que para mi es una sensación más linda que extrañar. No hay persona en el mundo que quiera mucho, y que no pueda verla de nuevo, algún día, alguna vez. A pesar de estar lejos de gente vital para mi, siempre tengo en mente ese reencuentro futuro, y lo grande que es o va a ser. No extraño porque siempre quiero tener más, y todavía puedo tenerlo.

Y pensando en todo eso... qué sentimiento más horrible es (o debe ser) extrañar en serio. Querer abrazar a una persona, contarle mil cosas, y ver sus reacciones al escuchar... y que sea imposible. Un gran amigo mío este año perdió a una parte de su vida misma, familia, y no me puedo imaginar remotamente el sentimiento. Eso es una pérdida verdadera, algo irremediable y triste, que no se compara con levantar un teléfono y marcar unos números, o comprar un pasaje e irse bien lejos, para estar más cerca.

Terminó Wish you were here, y qué loco, casualidades capaz, seguía Shine on you crazy diamond.

No era mi intención terminar hablando de pérdidas reales, o ponerme serio, yo que encuentro siempre alguna boludez para decir y auto-sacarme una sonrisa. No sé si lo escribí acá o en otro lado, y también me lleva a pensar en ese punto de vista (cuando me sale) optimista que nombraba antes, pero recuerdo haber dicho que prefiero pensar en lo que todavía tengo, lo que no perdí, alegrarme. Pensar que viví cosas buenas, muy buenas algunas, y que lo mejor todavía no llegó, eso que todavía está a mi alcance en un futuro, y que de alguna manera me sirve para hacer un resumen del año que se va... no me sirve pensar en lo que no fue, o lo que dejó de ser o ya no está, de eso tengo mucho y no hace bien al corazón... mejor mirar por la ventana mientras sigue amaneciendo y pensar que ya llegará el momento de ver a esas personas que debería extrañar y no extraño, y en las muchas ganas que tengo de verlas.

Wish you were here es eso para mi, no una canción triste para extrañar, sino precisamente lo que dice el título, más claro echale agua.

diciembre 08, 2009

Sarasa Mental #03

Qué hacer cuando todos te dicen que no. Tus amigos, tu sentido común, la experiencia, un millón de razones más para quedarse sentado, callado, mal... angustiado, etc. Cuando la única salida es ese "no, mejor no", pero por dentro te carcome algo que está más allá del sentido común, de la experiencia, del saber y conocer qué puede pasar, consecuencias, alegrías y llantos. Debería haber una cirujía del corazón para poder extirpar algunos sentimientos, que sólo nos traen problemas. O capaz los buscamos nosotros los problemas, una y otra vez, porque no podemos evitarlo, porque no aprendemos. Tan jodido es aprender de los "errores"? Y me pregunto también qué mierda son esos errores también, cuando en un principio creemos que hicimos mal una cosa, y al tiempo nos damos cuenta de que hicimos mal otra, de una manera distinta, no sé. Siempre me queda en la mente la idea eterna de poder haber hecho las cosas de otro modo, cambiar algunas palabras, algunas actitudes, algunos impulsos... o haber callado otras, como debería callarme ahora. Y me cuesta tanto pero tanto no hablar, no sentir, no querer, no pensar y pensar siempre en lo mismo. Las caras en mi vida van cambiando, pero detrás de todo eso el sentimiento siempre termina siendo el mismo, y los resultados son siempre inciertos, es una cagada, parece que la vida realmente te tiene destinado a algo, esa misma cosa en la que caés una y otra vez, sin entender por qué, sabiendo que querrías estar en otra situación, pero igual te corre y te alcanza lo mismo de siempre.

Me duele, mi vida es un quilombo y no puedo solucionar un solo problema. Si me preguntan cómo estoy, seguro sale el conocido "bien" que todos decimos sin pensar, sin tener ganas de contar por qué en realidad no estamos tan bien. Estar "bien" es la salida fácil a muchísimas cosas, nos sirve para no tener que enfrentar lo que nos caga de miedo, lo que no queremos ver aunque lo tengamos frente a nosotros todos los días, todo el tiempo, hasta en los sueños. Y yo sé que nada es para siempre, que los problemas a veces desaparecen de un día para el otro, o por lo menos nos dan un poco de tiempo de gracia y tranquilidad, y nos dejan en paz unos días, o meses incluso. Pero qué hacer cuando tenés una maraña emocional por dentro que no sabés cómo controlar, para que no estalle y te arruine la vida.

Hm, mil veces soñé despierto, pensando en qué superpoder me gustaría tener. Si volar, o tirar bolas de fuego desde las manos, pelotudeces como esa. Pero el único poder que me sería realmente útil, sería el poder hacerle sentir a alguien más lo que yo mismo siento, para no tener que explicar con palabras algo imposible de explicar. Transmitir sensaciones, sólo con pensarlo. Me pasa seguido que no puedo o no quiero o no sé cómo explicar lo que soy, lo que siento, lo que quiero, porque ni yo mismo lo tengo claro la mayor parte del tiempo. Tener esa habilidad me solucionaría la vida, y no sé cómo fabricarla. No debe ser imposible. Cómo me gusta escribir pelotudeces.

Se viene el fin de año, muchas cosas no cambiaron, otras mejoraron tanto, pero tanto tanto. Gente que no está, gente que no quiso estar más, gente que extraño, gente que no. Mi vida sigue tan perdida como siempre, buscando ese rumbo que creí encontrar pero hoy se aleja de nuevo de mi. Reviviendo cosas que preferiría olvidarme para siempre, sacarme pesos de encima, angustias, experiencias olvidables, útiles capaz, pero que quisiera no tener.

Hoy mi cabeza es una olla a presión, y no encuentro un alma a quien poder contarle absolutamente todo lo que me pasa, ni siquiera a los que me escuchan todos los días. Todos tienen su punto de vista, que no parece ser el mío, qué cosa rara no? Y el cariño nunca me falta, eso es cierto, de alguna manera u otra, dependiendo de quién venga, pero a veces me pregunto si es suficiente para mi, para lo que quiero, para lo que quisiera, para mi vida y mi futuro, para ser feliz. Hoy feriado amaneció lindo, se ven unas nubes hermosas por la ventana, y en este momento eso es todo lo que me hace compañía, y esa hermosura me es siempre solitaria. A veces me duele, me hace pensar de más y me duele.

octubre 13, 2009

septiembre 20, 2009

Algo prestado...

Un cuento, o una parte de un cuento que leí hace añares cuando era chico, "La Casa de Asterión". Cuenta la historia del Minotauro, desde su propio punto de vista. Un "monstruo" ignorante de su propia condición de monstruo, una criatura que pasa de ser solamente un coso mitad hombre y mitad toro, a ser alguien con un nombre propio (Asterión), con sueños, con temores y corazón. Viviendo en su laberinto, la soledad que lo acompaña siempre, desilusionado de la gente, único, alguien que debería ser inmensamente triste, pero se ríe jugando consigo mismo.


Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá que me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba un vestigio de sangre.

- ¿Lo creerás, Ariadna? - dijo Teseo -. El minotauro apenas se defendió.



En la mitología siempre se encuentran historias y seres increíbles, cosas totalmente fuera de este mundo, gigantes, hermosas, raras. Pero la mayoría no pasan de ser historias o fábulas, sobre cosas que sólo existen o existieron. De todas esas historias, este cuento fue el primero que me mostró un poco de emoción, algo real. O será quizás que en muchas cosas, me siento identificado.

A veces siento que me la paso corriendo por laberintos en donde es tan difícil encontrar una salida. Pasar minutos fuera, feliz, libre, sólo para ser arrastrado de nuevo hacia adentro. Pero no tengo miedo, ni la soledad es constante, porque sé que en algún lugar del mundo siempre, pero siempre existe la esperanza de que alguien te encuentre y te muestre la salida. Supongo que todos tenemos nuestro laberinto, nuestro mundo, y hacemos lo que podemos mientras nos toque estar adentro, viéndolo así no soy tan único, capaz nadie lo es. Son únicas las decisiones que vamos tomando en el camino, asi como las consecuencias, pero todos tenemos que pasar por pasillos oscuros a veces, todos idénticos entre sí, sin forma, sin señales, sin ver qué hay a la vuelta de la esquina, sin saber qué camino tomar.

En mi caso, sigo buscando la salida, sorprendiéndome a veces, pero estoy seguro de no querer terminar muerto como el Minotauro, sin conocer la vida más allá del encierro involuntario. Prefiero desear que mi soledad no sea tan pesada, sabiendo que algún día voy a conocer a esa persona destinada a ser mi redentora, que en lugar de clavarme una espada, me va a tomar de la mano.