Mi caso es uno de tantos, imagino, el de una persona bastante acostumbrada a estar frente a una pantalla, a realizar muchas actividades a través de ella. Las palabras ya no se escriben en un papel, sino en un teclado, cómodo, donde cada letra siempre sale igual, prolija. El contacto con la gente, los mails, Facebook, el chat... son todas cosas que forman parte de mi vida diaria, y desde hace muchos años ya. He ganado amigos, he conocido gente increíble, forjé lazos que para mucha gente son difíciles de comprender. Puedo decir que la vida cerca de la pc (e internet, claro) me ha dado muchas satisfacciones, muchas historias que contar, recuerdos, viajes incluso, a conocer gente que nunca había visto antes en persona. Pero también me ha quitado muchas otras cosas, principalmente creo, un panorama distinto, una vida que hoy por hoy no recuerdo bien, esa vida que tenía antes de tener una computadora.
Fácil, habré tenido unos 15 años en esa época. ¿Qué hacía entonces? Nada, iba al colegio todos los días, tratando de zafar de tercer año de la secundaria. De mañana dormía, al mediodía me iba con mi guardapolvo a estudiar (JA-JA), y antes de volver a casa pasaba por los fichines que estaban a dos cuadras del Comercial 19. Cenaba, supongo que miraba algo de tele, y me iba a dormir... eso era todo. Nunca salí los fines de semana a bailar, porque siempre me aburría cuando lo intentaba, y jamás le encontré interés o gracia. Escuchaba mucha música, leía, y no sé qué más. Disfrutaba de todo eso, era suficiente, estaba bien así. ¿Y ahora?
Ahora todas las mañanas reviso los mails, Facebook, un foro, el pronóstico del clima, mi galería de fotos que jamás se actualiza, algunos webcomics, alguna que otra serie online por semana. Después al laburo un par de horas, vuelvo a casa... y qué sigue? De nuevo los mails, Facebook, el clima, las series. Me embola. Hace relativamente poco tiempo, había llegado a la conclusión de que mi vida no era todo lo que yo quería que fuera, más concretamente, me di cuenta de que necesitaba una vida nueva, pero "¿qué carajo será esa vida nueva?" me pregunté. Todavía no lo sé, pero tengo la sensación de que empieza por cambiar la rutina, buscar una vida distinta a la que conozco, que puede no ser mejor, pero sí es una bocanada de aire fresco.
La rutina de la pantalla se vuelve algo insano después de cierto tiempo, y yo siento que lo mío son años de acostumbramiento a algo que en detinitiva, está vacío. Cansancio de sentirme esclavo de un pedazo de tecnología, eso tengo. Veo gente obsesionada con su celular, o con su ropa, o su laburo, y no puedo entender por qué. Ahora me observo mentalmente a mi mismo, sentado en esta silla, pulsando estas teclas que tienen 15 años de uso, y me doy cuenta de que formo parte de esa corriente de gente que no puede despegarse de lo que tienen enfrente. Me falta perspectiva, me falta imaginación, me falta libertad.
Cada persona se va acostumbrando al espacio que elige para pasar sus días, pero después de años y años de lo mismo, por más feliz o cómodo que se esté, no nos damos cuenta de que dejamos pasar de largo muchísimas otras cosas, quizás más importantes que las que nos muestra la rutina que elegimos. El problema es, cómo deshacerse de esa dependencia, cómo cambiar de carril en el medio de la ruta, cuando ya ni podemos ver a dónde vamos. Quizás la solución esté en tener un poco de confianza en que uno es una persona fuerte, con cierta entereza, capaz de cerrar un rato los ojos y cambiar de camino a ciegas, esperando que esté todo bien.