Este sí fue un año muy... complicado, malo para mi familia. Ya tenía la edad suficiente como para entender (sólo) algunas cosas, y era más consciente de lo que me rodeaba. No creo que haya arrancado mal ese año, no lo recuerdo así. Mi hermana terminaba la secundaria. Yo tuve mi primer cd, Use Your Illusion 2. Había empezado a estudiar francés y era muy bueno. Tenía 10 años. Estaba en quinto grado, donde mi maestro era mi amigo. Ya no hacía tanto quilombo, tenía mejores notas que nunca. Ciertamente no era un mal año, para nada. Hasta que llegó una mañana que me quedó grabada para siempre, donde me desperté viéndola llorar a mi hermana, sentada en una silla al lado de mi cama. No sabía qué pasaba, pero me acuerdo tan pero tan bien de la angustia de no saber, de tener miedo, de ponerme prácticamente a llorar con ella sólo por verla triste. Mi vieja no estaba, cosa rara en una mañana. Silvia, sacando fuerzas de no sé dónde, me dice que "la abuela, se murió", casi encogiendo los hombros, llorando. También fue una de las primeras y pocas veces que recuerdo haberla abrazado, muy fuerte. Nos quedamos así un rato, por suerte estábamos los dos juntos. Mi familia de un día para el otro se volvió todavía más chica.
La peor parte se la llevó mi vieja, y es algo que sé que todavía la afecta, y es una de las cosas por las que una persona no debería pasar jamás. Fue ella quien tuvo la desgracia de encontrar a mi abuela en su casa. Sé que no la vió directamente al llegar a su casa, sólo vió la sombra que venía desde la pieza, a contraluz de la lámpara que colgaba sobre la cama. Mi abuela, una mina tan fuerte, una leyenda prácticamente en mi familia, dura, inteligente, increíble, llegó a un punto en el que no quiso vivir más, e hizo todo lo posible para dejar de sufrir... nunca supe bien qué la tuvo así, pero resultó ser algo mucho más fuerte que ella, cosa difícil de creer. Mi vieja heredó esa fortaleza, y la fue descubriendo con el tiempo. Hace relativamente poco, la vida le dió un golpe muy duro, y tuve miedo de nuevo como aquella vez, de no estar seguro del futuro, un miedo nacido de la incertidumbre, de la pena. Me tocó a mi entonces aprender a ser fuerte, no por mi, nunca por mi, pero por los demás, por ella, porque aún sin saber bien qué hacer, hice todo lo posible para que mi vieja no bajara los brazos como hizo su vieja, su mamá.
Las consecuencias de la decisión que tomó mi abuela en el '92, todavía hoy se sienten en casa, forman parte de nosotros. Aprendimos mucho a un costo altísimo, pero no desaprovechado. Mi vieja está conmigo, el recuerdo de mi abuela está con nosotros todo el tiempo, y son cosas buenas. Los jazmines que crecían en su jardín, que nos regalaba para traer a casa cuando volvíamos de noche. Seguramente por eso es el perfume más lindo que reconozco, tan dulce y lindo cuando hacía frío mientras esperábamos el tren en la estación. Me quería mucho, aunque la hiciera renegar por inquieto. La quería inmensamente a mi hermana, su último gesto fue regalarle su viaje de egresados, supongo que ella tampoco se olvida más de eso. Y cuento las anécdotas de mi abuela con orgullo, porque siempre dió pelea, porque tenía un corazón enorme, porque también sufrió mucho cuando mi abuelo no estuvo, e hizo todo lo posible por seguir adelante. Le gustaba cantar, era pícara, sabía hacer de todo, hasta se subía al techo de su casa para arreglar las tejas. Sabía treparse a los árboles. Sus flores y su jardín eran su vida. Mate todo el día, costumbre que adoptó su nieta. Mi vieja se peina el pelo hacia atrás, y es tan parecida. Era muy bonita. El shock que le provocó a mi vieja, creo que nunca se le cruzó por la cabeza, sino quizás hoy estaría todavía cuidando su casa.
Sin duda alguna, su falta fue lo que más nos cambió la vida. Tal como a mi abuelo, me hubiera gustado tanto poder sentarme a charlar con ella hoy, mostrarle el tipo de persona en la que me convertí, charlar de música, de libros, de flores, del campo, y preguntarle por qué es tan cabeza dura, o era. Nos perdimos la oportunidad de tener discusiones largas, buenas.
Hoy pongo un video solo. Tenía diez años.
La peor parte se la llevó mi vieja, y es algo que sé que todavía la afecta, y es una de las cosas por las que una persona no debería pasar jamás. Fue ella quien tuvo la desgracia de encontrar a mi abuela en su casa. Sé que no la vió directamente al llegar a su casa, sólo vió la sombra que venía desde la pieza, a contraluz de la lámpara que colgaba sobre la cama. Mi abuela, una mina tan fuerte, una leyenda prácticamente en mi familia, dura, inteligente, increíble, llegó a un punto en el que no quiso vivir más, e hizo todo lo posible para dejar de sufrir... nunca supe bien qué la tuvo así, pero resultó ser algo mucho más fuerte que ella, cosa difícil de creer. Mi vieja heredó esa fortaleza, y la fue descubriendo con el tiempo. Hace relativamente poco, la vida le dió un golpe muy duro, y tuve miedo de nuevo como aquella vez, de no estar seguro del futuro, un miedo nacido de la incertidumbre, de la pena. Me tocó a mi entonces aprender a ser fuerte, no por mi, nunca por mi, pero por los demás, por ella, porque aún sin saber bien qué hacer, hice todo lo posible para que mi vieja no bajara los brazos como hizo su vieja, su mamá.
Las consecuencias de la decisión que tomó mi abuela en el '92, todavía hoy se sienten en casa, forman parte de nosotros. Aprendimos mucho a un costo altísimo, pero no desaprovechado. Mi vieja está conmigo, el recuerdo de mi abuela está con nosotros todo el tiempo, y son cosas buenas. Los jazmines que crecían en su jardín, que nos regalaba para traer a casa cuando volvíamos de noche. Seguramente por eso es el perfume más lindo que reconozco, tan dulce y lindo cuando hacía frío mientras esperábamos el tren en la estación. Me quería mucho, aunque la hiciera renegar por inquieto. La quería inmensamente a mi hermana, su último gesto fue regalarle su viaje de egresados, supongo que ella tampoco se olvida más de eso. Y cuento las anécdotas de mi abuela con orgullo, porque siempre dió pelea, porque tenía un corazón enorme, porque también sufrió mucho cuando mi abuelo no estuvo, e hizo todo lo posible por seguir adelante. Le gustaba cantar, era pícara, sabía hacer de todo, hasta se subía al techo de su casa para arreglar las tejas. Sabía treparse a los árboles. Sus flores y su jardín eran su vida. Mate todo el día, costumbre que adoptó su nieta. Mi vieja se peina el pelo hacia atrás, y es tan parecida. Era muy bonita. El shock que le provocó a mi vieja, creo que nunca se le cruzó por la cabeza, sino quizás hoy estaría todavía cuidando su casa.
Sin duda alguna, su falta fue lo que más nos cambió la vida. Tal como a mi abuelo, me hubiera gustado tanto poder sentarme a charlar con ella hoy, mostrarle el tipo de persona en la que me convertí, charlar de música, de libros, de flores, del campo, y preguntarle por qué es tan cabeza dura, o era. Nos perdimos la oportunidad de tener discusiones largas, buenas.
Hoy pongo un video solo. Tenía diez años.
"Prefiero un chamamé"
Hace menos de un mes volví a la casa de mi abuela, completamente abandonada, después de 18 años de no ir. Los árboles siguen siendo enormes, el jardín ya no está. La casa tan chiquita en el medio. La reja y la puerta de la vereda están ahora apenas más altas que mi cintura. Falta el color, el perfume no está. El viaje en colectivo y tren ahora me parece tan corto. Creí que el impacto iba a ser más grande, pero no, ya no puedo sentirme parte de ese lugar, se siente casi ajeno, y está bien así. Reafirmé la noción de que las mejores cosas de ella son las que tengo en mi memoria, y estoy seguro de que con el pasar de los años, no van a perder su valor para mi.
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