agosto 02, 2010

2006, Parte 2





Hay una razón por la que el 2006 se divide en dos. La primera mitad estuvo bastante buena, había aprendido algunas cosas y tenía en el bolsillo montones de lindos momentos. La segunda cambió mucho de eso. Una madrugada de agosto llega mi viejo del laburo, lo escucho discutir con mi vieja por la hora, y ya no sé bien qué pasó después. Sé que él se quedó cenando solo en la cocina, mientras mi vieja lloraba en la pieza, desconsolada. El rato que me quedé abrazado a ella me pareció eterno, me partía el alma verla así, tan frágil, indefensa y triste. A él lo odié muchísimo.

Mis viejos se separaban de nuevo, y esta vez era todo distinto, ya no tenía quince años y entendía perfectamente lo que estaba pasando. Me sentí responsable de contener a mi vieja, de no dejarla caer, y por primera vez tuve miedo real de que el momento de no tenerla más en mi vida estuviera cerca. Ella quería dejarse morir, y yo no sabía si era capaz de evitarlo. Me gasté todas las fuerzas físicas y mentales que había logrado reunir durante mi cortito tiempo de felicidad, esperando que fuera suficiente. Se enfermó, sufrió mucho, pero pasaron los meses y poco a poco salió a flote. De nuevo éramos solamente una familia de tres personas, y nadie más.

Mi vida venía corriendo como loca hasta que me estrellé de frente con esta pared, y lejos de frenar, pasé de cien a doscientos en una noche, y no paré más. Un año después me iba a pasar factura, pero no importaba, mi vieja estaba mejor.







Seguí laburando en Saavedra, donde me pasaba un día entero pensando y pensando, llorando a veces cuando venía el mediodía y no había nadie en el negocio por un rato. Después de escuchar las razones de mi viejo para irse, entendí perfectamente por qué lo hizo, quizás mejor que él mismo. Fui capaz de no condenarlo y no darle la espalda, y creo que hice bien, es mi viejo. La época de divertirme y hacer lindos planes se había acabado, y me di cuenta de lo mucho que había crecido en tan sólo un par de años. Traté de seguir con mi vida lo más normalmente posible, y empezó una época de introspección muy grande para mi.

Igual, no todas fueron pálidas. Me hice amigo de otra cordobesa increíble, que conociéndome poco y nada me aceptó en su mundo y me regaló un cariño que es una de las mejores cosas que aún tengo. También cerca de fin de año pude recuperar a una vieja amiga, que seguía firme ahí a pesar de un año de ausencias y silencios. Ambas cosas me ayudaron mucho.

Viajé a Córdoba una o dos veces más, se me estaba haciendo costumbre, y en la ruta encontraba una paz que no podía encontrar en otros lugares. Nacía el sueño de vivir lejos. Necesitaba escaparme de todo.

2 comentarios:

  1. aca aparezco yo. Increible que ya casi sean 4 años guru. Te adoro. Lo pasado es pasado, pero el pasado es el que nos hace amigos. Fuiste sos y serás siempre El amigo. El que no se reemplaza y el que está en cada una de las cosas que haga. TE quiero. :)

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  2. Yo también nena, la verdad fue un año de ganar y perder muchas cosas, pero fue más lo que gané y disfruté que lo malo y difícil.

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