agosto 01, 2010

2006, Parte 1

El año empezó increíblemente bien, y no dejaba de ser sorpresa para mi. El modesto laburo en un locutorio de Flores fue sin dudas uno de los mejores que tuve. No ganaba fortunas ni aprendía grandes cosas, pero estaba feliz, tranquilo, y me sentía útil. Me trataban como a uno más de la familia, y tenía algo en qué ocupar la mente todos los días, una rutina. También pensaba todos los días en ella.

En esos meses había decidido tomar una actitud totalmente opuesta a la que siempre tuve, lleno de confianza y empuje, tenía ganas de experimentar y ver qué resultados podía obtener siendo totalmente franco, con todo... y no me fue tan mal. A mis veinticuatro años me compré una bici y aprendí a andar solo. Salía con amigos y reforcé mis lazos con ellos. Charlaba casi todos los días con una cordobesa que me volaba la peluca, y era genial intimidar un poco a alguien intimidante. Estaba más flaco, estaba más fuerte, estaba contento... una vida silenciosa había quedado atrás.

Cuando el laburo terminó unos meses después de haber empezado, me sentía renovado, con plata, y con más ganas que nunca de experimentar cosas nuevas. Así entonces saqué pasaje a Córdoba. Me fui a buscar una historia más.

Fueron dos de las mejores semanas de mi vida, inesperadas, casi casi perfectas. Estando allá, tan lejos de casa, descubrí que el aire de las sierras me convertía en otra persona, mil veces mejor que el tipo tan común que se sienta en esta silla ahora. Me reencontré con las caras y lugares familiares del año anterior, que me recibieron tan bien como el primer día y me hicieron sentir en casa.

Hay mil cosas copadas que podría contar, pero los mejores momentos se reducen a dos hermosas personas que por fin conocí en persona en esos días. Ellas fueron las razones por las que viajé. Una rosa la primera noche, y un largo abrazo en el cine el segundo día.


HipopotaAmito





Y son las mismas dos increíbles razones por las que volví muchas veces. Poco tiempo después, encontré una tercera. No fue siempre fácil, no fueron todas sonrisas, alguna lágrima, alguna bronca y alguna desilusión se escaparon por ahí, pero las amistades y cariños que forjé ese año a tantos kilómetros de distancia son de las cosas más valiosas que tengo.



Barrilete viteh





Esta canción para mi tiene muchos significados. Es en parte una despedida a mi viejo yo, un hasta luego para una persona en especial, y una duda hacia el futuro... no puedo explicarla palabra por palabra, y es una pena tener que dejarlos solos para interpretar cada frase. Quizás solamente yo pueda entenderla y sentirla a mi manera.

Cuando apenas empezaba agosto, ya tenía planes para mi tercer viaje a Córdoba, un laburo nuevo, y todavía mantenía un poco de la acelerada que pegué en noviembre del 2005.

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